divendres, 5 de setembre de 2008

Els moriscos de Tunísia

Los Moriscos de Túnez


Ponencia presentada por el morisco Ridwan Reichico El Andalusí, de Solayman (Túnez), descendiente directo de Boabdil, en el I Congreso Mundial Andalusí, celebrado en Castellar-Almoraima (Cádiz) los días 1-2-3 de septiembre de 1.989 y publicadas en el número 3 pp. 16-23 de la Revista LAMALIF AL-ANDALUS.


Comunidades andalusíes en Túnez:
pasado, presente y futuro

Por RIDWAN REICHICO

Debíamos entrar en Granada. En primer lugar, porque es nuestro último recuerdo de Al-Andalus. Debimos entrar en ella por Adra, pero tuvimos que hacerlo por otro camino, un camino escogido para nosotros por nuestros hermanos, los hijos de nuestra tie­rra, las gentes de la Yama'a Islámica de Al-Andalus, de la Fundación Islam y Al-Andalus. He aquí que ahora vol­vemos a entrar en Granada atrave­sando otra senda, Gibraltar: tal vez la historia desee ser repetida.


Reseña del la visita el 2 de enero de 1989

Apenas encontramos expresiones para mostrar nuestro agradecimiento a nuestros hermanos de la Funda­ción Islam y Al-Andalus, por esta gran oportunidad histórica que nos ofrecen, por esta oportunidad única: después de cinco siglos de exilio, cinco siglos de extrañamiento, cinco siglos de deambular por diversas partes del mundo, expresión de la historia reciente de un pueblo para cuya crueldad es difícil encontrar semejanzas, después de todos estos siglos he aquí que nuestros hermanos nos proporcionan la oportuni­dad de un encuentro con la tierra, con la madre, con la fuente, con Al­-Andalus. Gracias a los hijos de nues­tra tierra en común, a nuestros hermanos en el Islam, que Allah los premie con la más bella de las recompensas.
Nuestro regreso de hoy a Al-Andalus, nuestro encuentro en ella, tiene significados de entre los cuales el más profundo de modo absoluto es que el exilio por largo que sea su duración no mata la identidad, mien­tras la esperanza del retorno perma­nece sólidamente en nosotros, y si en ese retorno depositamos nuestra fe. Estamos orgullosos de nuestra pertenencia y cargamos con la responsabilidad histórica de luchar por la causa del retorno a la tierra madre, Al-Andalus; que sepa así la juventud de Al-Andalus, y la próxima generación entre las gentes de esta tierra bondadosa, que el ser humano sin identidad histórica, es un hom­bre sin dignidad, y nuestra identidad andaluza es la islámico- andalusí. Y así es como nuestros hermanos de la Fundación Islam y Al-Andalus parten del Islam, es decir, del único punto de partida válido, donde podemos medirnos, donde volvemos a encon­trar nuestros criterios sobre la justi­cia y la libertad, y un método vital que hace del hombre un ser hu­mano.

Hermanos, hermanas: si la histeria ha de servirnos de algo es para aprender. Cada andalusí musulmán hoy deberá aprender que nadie en el mundo habrá de bendecir la meta que nos hemos marcado salvo noso­tros. No me refiero tan solo a los Estados, sino que vuelvo la mirada atrás, al pasado, y aludo a la pasivi­dad de los otomanos, cuando aban­donaron a los moriscos, siendo esa administración islámica una poten­cia mundial tenida en cuenta; aun­que, no podemos olvidar su auxilio a nuestros moriscos, pasándolos al norte de África cuando se les ame­nazó y muchos de ellos rechazaron convertirse al cristianismo. Aunque esta actitud la consideremos humana y solidaria, fue una actuación ya demasiado tardía, y sin duda los res­ponsables otomanos pudieron haber hecho más antes de la caída de Gra­nada en 1492, podían haber sido entonces adalides de nuestra causa, haber ayudado a los andalusíes para que no perdiesen su tierra, en lugar de aplazar su ayuda cuando los acontecimientos ya se habían desen­cadenado. Debemos aprender de la historia, y debemos saber que quien no tiene algo no puede darlo, y que los derechos no los recupera sino el que los tenía. Por ello, nuestra pre­sencia hoy en este Congreso debe ser un compromiso y una fe en nuestra responsabilidad histórica ante Al-Andalus. Donde quiera que esté el lugar en el que nos hemos recogido en nuestro exilio, nuestras conciencias deben comprometernos, y nuestra obligación más trascen­dente deberá ser el derecho que sobre nosotros tiene la tierra. Por mucho que el hijo se aleje de la madre, a ella le atan lazos indisolu­bles,... ello nos enseña el Islam.

Y esta responsabilidad atañe en primer lugar al hijo que ha vivido toda su vida al lado de su madre, y aquí me dirijo al pueblo de Al- Andalus en general, y a los musulma­nes de Al-Andalus en particular, y aún más a la juventud andalusí en este Al-Andalus errante en el sinsen­tido de Occidente, arruinado espiri­tualmente, una juventud a la que espero que Allah conduzca a su Islam; me refiero a esa juventud que nos rodea y que en muchos casos adivino un desinterés grave en lo referente, a Al-Andalus, que incluso es posible en muchos casos puede llegar a suponer un rechazo a la causa de Al-Andalus. Sólo con la recuperación de nuestra identidad, sólo con la recuperación de nuestra libertad, recuperaremos nuestra dignidad y repetiremos los logros de Al-Andalus, aquellos que hicieron de nuestra tierra una lámpara civiliza­dora a cuya luz se ha encaminado el mundo hasta hoy; deberemos devol­verle las lágrimas derramadas du­rante cinco siglos a nuestra tierra, sólo entonces podremos considerar­nos sus hijos.

Hermanos, hermanas: hemos ve­nido a Al-Andalus para participar en este primer Congreso histórico, al que bendecimos y deseamos que sea el inicio de una nueva era para Al-Andalus. Y con la oportunidad de este importante acontecimiento cultural, queremos dar a conocer a nuestros hermanos y a los hijos de nuestro país, y a todos los presentes, la situación actual de los andalusíes en Túnez en general y en Solaymán en especial, y no podré iniciar este estudio sin remitirme a la historia: con el estudio de nuestra historia comprenderemos nuestro pasado y por consiguiente nuestro presente.

El éxodo andalusí no fue aquél que se hizo famoso bajo el nombre de expulsión de los moriscos sola­mente, es decir, la emigración for­zada que tuvo lugar bajo el reinado de Felipe III (sic) tras la traición his­tórica a las Capitulaciones que aceptara Abú Abdillah (Boabdil) el día que entregó Granada (el 25 de Tishrin Segundo de 1491, que co­rresponde al 21 de Muharram de 897 de la Hégira). El éxodo andalusí conoció dos etapas por las que no ha habido un gran interés acadé­mico, del mismo modo que son esca­sos los escritos y documentos con los que podamos seguir las huellas de los andalusíes emigrantes durante el periodo que va desde el siglo XIII de la era cristiana, séptimo de la Hégira, hasta nuestros días, y ello por varios motivos entre los que destacan según creo, la decadencia cultural de África del Norte durante esos siglos y la ausencia de datos históricos interesados sobre la vida social que aludan a los diferentes componentes de la sociedad, sus orígenes, la forma en que se mezcla­ron hasta conformar la red social del país. Por ello es necesario que sean estudiados el éxodo andalusí o la expulsión como un todo, pues los distintos grupos que llegaron a Túnez, por ejemplo, o al Magreb Occidental, marcaron profundamente a las sociedades tunecina o magrebí occidental tanto en los aspectos culturales como económi­cos e incluso sociales, y los efectos de esa influencia son recogibles aun en la actualidad. Y si las fuentes son remisas en cuanto a estos temas que interesan a los andalusíes, su llegada por ejemplo a Túnez, deberemos en esta circunstancia aludir a él aunque sin poder profundizar a la espera de estudios más serios que documen­ten la memoria social de los andalu­síes tunecinos actuales, aquellos que se incorporaron a la vida social, y con el tiempo las diferentes circunstancias económicas e intereses mate­riales matarán en ellos, poco a poco, el sentimiento más noble y del que más orgulloso debe estar un ser humano: la pertenencia a una tierra, la relación con ella durante siglos, la esperanza del retorno y el reencuen­tro en el Paraíso perdido: Al-Andalus, ese jardín del que nos hablaron nuestros abuelos con el estilo pecu­liar de las Mil y Una Noches; pero nosotros hemos encontrado que sus cuentos eran verdad y que Al-An­dalus es realmente un Paraíso, y que lo hemos perdido. No digo ello como un lamento por Al-Andalus, porque el lamento es una actitud derrotista: esa leyenda acerca de lo que llaman el Suspiro del Moro, creo que no es más que una mentira que por desgracia incluso nosotros he­mos aceptado y trasmitido a partir de tradiciones cristianas, siempre atentas a desprestigiar nuestra histo­ria. Decía: nosotros no lloramos por Al-Andalus porque no consideramos al Islam como un mero patrimonio histórico o un movimiento refor­mista que recogiera en Al-Andalus uno de sus mejores frutos, un triunfo civilizador brillante y anecdó­tico; sabemos que somos capaces de volver a dar vida a Al-Andalus, por­que nada ha cambiado: el Islam no ha cambiado, por fortuna, ni tam­poco los andalusíes. Con este plano de fondo, con la. voluntad y con la consideración de lo pasado, el Pa­raíso, por el Poder de Allah, podrá volver a ser Paraíso, como ya lo fue, y con ello nuestro proyecto cultural, Al-Andalus, es civilizador con toda la carga semántica del término.

Lo que hemos recordado nos obliga a interrelacionar el presente y el pasado: nuestras indagaciones sobre la historia no tienen como objeto acumular datos y noticias acerca de la dura prueba a la que los andalusíes exiliados fruto de su genio y con lo que intervinieron en el desarrollo económico, en la vida cultural, en los campos y órdenes artísticos y hasta en los militares en Túnez: todo ello nos obliga al recuerdo, recoger el patrimonio de nuestros abuelos con el que hicieron a todos querido el nombre de Al­-Andalus, con el que se pusieron al servicio del ser humano, cualquiera que fuese su pertenencia, con el que fueron un elemento esencial durante varios siglos participando de forma activa y positiva para el resurgi­miento del país. La influencia de la inmigración andalusí es aún aprecia­ble, sus huellas se distinguen en las artes, la arquitectura, la agricultura, hasta en la lengua, costumbres, en la vida cotidiana.

Merece la pena mencionar que la mayoría de los estudios realizados por los investigadores, y que deben ser considerados escasos, se refieren al tema del último éxodo andalusí, el que aconteció tras el decreto de expulsión el 22 de septiembre de 1609 firmado por Felipe III, pero a pesar de que esta oleada fue la mayor en tanto a número y de influencia más radical, sin embargo fue precedida de otra que es nece­sario mencionar por su extrema importancia y fue la que tuvo lugar durante el periodo hafsí en el siglo VII de la Hégira, siglo XIII de la era cristiana.

Tras la progresiva caída de las ciu­dades andalusíes, las miradas se vol­vieron hacia África que entonces se caracterizaba por una estabilidad política. El primer desastre anuncia­dor que afligió los corazones de los andalusíes y les arrebató el sueño, fue la caída de Toledo, el país de Dzun-Nun o Danun, a mediados del mes de mayo de 1085 d.c., con el que eran amenazadas Granada, Cór­doba, Almería, Málaga y las demás capitales de Al-Andalus, no quedán­doles más remedio que comenzar a pensar en abandonar su patria, se vieron muchos de ellos obligados a partir, forzados por la nueva situa­ción, presionados por el bandidaje que les arrebataba sus tierras entre­gadas a señores que venían del norte. Sufrieron toda clase de igno­mínias si decidían permanecer fieles al Islam, su forma de vida. Estas medidas inhumanas empujaron a un buen número de andalusíes a salir en diferentes direcciones, una de las cuales era Túnez, llamada aún en­tonces Ifriqia. Abu Zacaría, fundador de la administración hafsí (1228­-1249) organizó con ellos, según nos menciona Ibn Jaldún, un ejército con el que asentó las bases de su gobierno: fueron amablemente aco­gidos y desempeñaron un notable papel durante ese periodo. Agradó a los andalusíes la estabilidad del país así como las tierras que les fueron entregadas, las cuales supieron culti­var y sacar sus frutos y posibilidades.

En el campo intelectual, los anda­lusíes participaron introduciendo muchas innovaciones. Para honrar la memoria de algunos de esos sabios, los mencionaremos aprovechando esta oportunidad:

1- Ahmad ben Muhammad ben al-­Ghammaq al-andalusí (1212-1294).

2- Abus-Salt Umayya ben Abdel­'A~il al-Ishbili (1134): importante historiador, buen poeta, filósofo, matemático, médico, introductor de la música andalusí en Túnez cono­cida en la actualidad con el nombre de “Maluf”: es un error repetido el que fueran los moriscos los intro­ductores de la música andalusí, los moriscos ignoraban la lengua árabe. El «maluf» es el origen de lo que hoy en Andalucía se conoce por fla­menco.
3- Abul-Hásan Alí ben Musa al-­Hadrami, conocido como Ibn Usfur, el Hijo del Pájaro, que fue sevillano y gran gramático de la lengua árabe (1201-1270).
4- El imam, crítico literario, lin­güística y poeta Abul-Hásan Hazim al-Qartayanni (1211-185) (de Carta­gena de Murcia).
5- Abul-Abbas ben Mufriy, cono­cidb por el sobrenombre Ibn ar­-Rumía (1171-1239): botánico.
6- El médico Abul-Abbas Ahmrad al-Malaqí, y también Abul-Qásim Muhammad ben Ahmad ben Andra­sen 'ben Mursía.
7- Al-Qalsadi, muerto el año 1486, considera el mejor y más importante matemático del Occidente islámico durante la Edad Media.

Además de la influencia cultural y científica, los andalusíes se mostra­ron excelentes comerciantes, aprove­chándose el país de su experiencia, tanto para las relaciones comerciales internas como externas. Mencionare­mos en este ámbito por ejemplo al comerciante Abul-Qásim al-Banyuli al-Gharnati, que consiguió con sus transacciones una riqueza fabulosa y es considerado como el mayor hom­bre de negocios que jamás haya tenido Túnez.

En cuanto a su influencia social de estas primeras comunidades andalu­síes es difícil hacer una evaluación, pues las diferencias de civilización entre la sociedad tunecina y la anda­lusí eran importantes, tanto que se convirtieron en un obstáculo entre los elementos más representativos de ambas comunidades. Los andalu­síes se consideraban portadores de una civilización más elevada y más capaces de una relación social, que los habitantes del país en el que vivían exiliados por necesidad. Un argumento a favor de la no inserción de los andalusíes en la sociedad tunecina es el que nos facilita el escritor y gran viajero egipcio Andel-­Báset ben Jalil en su obra “Ar-Rawd al-Básim” (El jardín Sonriente), y son observaciones muy curiosas e intere­santes. Llegó Abdel-Báset a Túnez el 18 de agosto de 1462, es decir, dos siglos después que la comunidad que se formara a partir de los gru­pos que fueron, llegando desde Al­-Andalus y antes de la inmigración morisca, es decir, antes de la caída de Granada. Abdel-Báset observa que después de ocho generaciones desde su llegada el elemento anda­lusí mantenía aún su identidad y cohesión, todas sus tradiciones dife­renciadoras, sin mezclarse en la vida social autóctona, manteniendo su propia vida social y su propia orga­nización civil.

La última inmigración andalusí tuvo lugar el año 1609. Tan sólo tres años después de la caída de Gra­nada en 1492 fueron violadas las Capitulaciones que acordaron el último de los reyes de Granada y los gobernantes de Castilla y Aragón. Los españoles iniciaron una política cuyo objeto era absorber a los moriscos en la vida católica, bo­rrando su personalidad, identidad e historia. Con el paso del tiempo y la falta de contacto con el mundo islá­mico, fueron perdiendo los moriscos su lengua y su forma de vida: el Islam, a pesar de que muchos de ellos hicieron grandes esfuerzos por mantenerse fieles a sus tradiciones, a pesar del temor a las represalias de los Tribunales de la Inquisición, considerados hasta hoy como el mayor signo de barbarie conocido por la humanidad. En el año 1609, decidió el rey Felipe III resolver el problema de una forma definitiva y drástica: la expulsión. Dice el historiador Ibn Dinar al-Tunsí después de unos setenta años transcurrida la tra­gedia: “Llegaron las gentes de Al-­Andalus cuando los cristianos los expulsaron a la orden del rey de España. Eran numerosos, y entonces Uzmán Dey les repartió tierras, y a los más débiles de entre ellos, los distribuyó entre las gentes, y les per­mitió construir donde quisieran: compraron fincas y construyeron en ellas, y se esparcieron por el país y fundaron más de veinte pueblos en los que sembraron viñedos y oliva­res, hicieron caminos y fueron con­siderados gentes del país”.

Pero antes, volvamos a las dificul­tades que tuvieron que superar los moriscos antes de alcanzar Túnez: En la actual Argelia se vieron ex­puestos al pillaje de diversas tribus, perdiendo en el camino los bienes que consigo traían de Al-Andalus, corriendo graves peligros sus vidas y de muchas de ellos no se volvió a tener noticia al ser dispersados. Los que llegaron a Túnez lo hicieron como mendigos, pero Uzmán Dey, gobernador de Túnez entonces, se comportó con ellos generosamente esperando su apoyo político, pues en su independencia del califato otomano necesitaba de quien refor­zara la marcha económica y cultural de su país.

Estos numerosos grupos de anda­lusíes moriscos llegaron a Túnez sedientos por reencontrarse con el Islam y por la recuperación de su lengua, el árabe, la lengua de sus antepasados, entonces, sólo habla­ron romance.

En Túnez encontraron una tierra generosa, predispuesta hacia ellos y donde pudieron desenvolverse con sus anhelos.

No obstante, continuaron empleando el árabe que aún para ellos era una segunda lengua. El sacerdote Francisco Jiménez que residió en Túnez entre los años 1720 y 1735 nos cuenta que los moriscos conser­varon el romance hasta el punto de que algunos de ellos eran capaces de traducir libros del árabe al caste­llano. Relata también que con ellos pasaba veladas enteras charlando en castellano llegando a tener la impre­sión de estar en uno cualquiera de los pueblos de Andalucía.

En la sucesión de las generaciones fue abandonado el uso del caste­llano, sin embargo aún hoy, en la actualidad, decenas de palabras de empleo cotidiano son de origen cas­tellano en la lengua árabe de los descendientes de aquellos andalu­síes, y en especial en Solaymán, por ofrecer algunos ejemplos citamos las siguientes:

Portal=”Brutal”, “canastro”=canasto, “Sisería”=farmacia, “sabbat”=zapato, “kusha”=horno, “mangu”=picaporte, “calita”=caleta, “carrita”=carreta, “lambara= lámpara, “makína”=máquina, “braska”=brisa.

La llegada de los andalusíes a principios del siglo XVII era deseada para dinamizar la industria, el co­mercio, la agricultura y hasta la marina de guerra, en especial.

Eran técnicos de alto nivel, sus especialidades les capacitaban para ocupar importantes responsabilida­des en los diferentes dominios de la administración.

Uno de los motivos que ayudó a que los andalusíes se asentaran defi­nitivamente en Túnez, y que les per­mitió holgura en sus ganancias y riquezas, es el Cánon que decretó Uzman Dey y que permitía acceder a una legislación propia y una gran autonomía sin intromisiones en las ciudades en las que residían, ade­más de eximirles del pago de algu­nos impuestos.

Dice Jiménez al mencionar el pueblo de Sulaymán: “Los moriscos en Sulaymán están libres de la influencia ( hafsí ) de la comarca, se gobiernan como lo hacían en Al-­Andalus, y no pagan tributos al con­trario que el resto de los indígenas sean beduinos o árabe-parlantes”.

Entre las ciudades que los andalu­síes construyeron en Túnez debe­mos recordar: Testur, Sulaymán, Alcalá de Al-Andalus, Suluquía, Nya­nu, Balli, Quraysh del Río, Al-Alia, Faryana, todas son ciudades dedica­das especialmente a la agricultura. Hay otra parte importante y son los moriscos industriales y comerciantes que habitaron en la capital al encon­trar circunstancias favorables para la venta de sus productos y mercan­cías, destacando en la industria del tejido, especialmente los de la seda.

Hemos mencionado entre las ciu­dades fundadas por los andalusíes, Sulaymán, situada en la provincia de Hebel. Se refugiaron allí los moris­cos para explotar las tierras propi­cias para la agricultura, que no habían sido tratados hasta entonces convenientemente. Es una ciudad que se asoma al Mediterráneo y está próxima a Túnez, la capital. Se destacó considerablemente Sulaymán en el terreno de la agricultura, al introdu­cir los andalusíes nuevas plantas y árboles frutales; también por los sis­temas evolucionados de regadío y métodos de siembra, hasta llegar a ser la ciudad una referencia ineludi­ble en cuanto al acierto en el trata­miento de las tierras y la consecu­ción de frutos. Dice el historiador Muhammad ben Muhammad al-An­dalusí, conocido también por el nombre as-Siray al-Andalusí en su obra “Al-Hulah as-Sundusia fil Ajbar at-Tunusía": “Si en Túnez sólo hu­biera los frutos que ofrece el muni­cipio de Sulaymán, serían suficientes por su abundancia y bondad”. De las familias que fundaron la ciudad, que eran unas 350 según censa Jiménez el año 1725, no quedan en la actua­lidad más de once. En cuanto a las demás, o bien han desaparecido al mezclarse con los tunecinos, o bien han emigrado y perdido su identi­dad y memoria, por desgracia. De entre las familias perdidas en su genealogía podemos citar algunas muy importantes: los al-Lunqu, al­-Mastiku, Blanku, Tandaliku, Batista, Ruju, Bunnyu, Rekli, Kastilyanu, etc.

De entre las que aún permanecen podemos mencionar: los Ibn Ismael cuyos orígenes se remontan a Al-­Andalus, los Mador (o Amador), cuya genealogía se remonta hasta el sabio sevillano y qadi Muhammad ben Mandur al-Qaysi, del siglo V. Los Bashkual (Pascual), siendo antepa­sado suyo el sabio e historiador Jalaf ben Abdel-Málik ben Bashkual, na­cido en 494 de la hégira y muerto el 578.

Los Rishiku (Rey Chico), descen­dientes de Boabdil, último rey de Granada y de Al-Andalus. La palabra en árabe no es más que la trascrip­ción del castellano Rey Chico. Este sobrenombre le fue aplicado a Boab­dil por los reyes de Castilla y Aragón como nos recuerda la historia.

Hay otras familias de las que no sabemos con exactitud su lugar de origen en Al-Andalus, como son los Ray al-Ibirsu, al-Bandiku, Yoha, Kri­mu, Makalin, Ibn al-Hayy.

Pero Solaymán conoció también un gran declive económico a medi­dos del siglo XIX, después de haber conocido los mayores esplendores que la hicieron famosa en toda Túnez y que la hicieron objeto de las ambiciones de tribus tunecinas como los Jallas, Akkar y Rayyah, entre otras, y que influyeron nota­blemente en esa decadencia al desa­parecer la seguridad de los caminos y atacar estas tribus la ciudad en multitud de ocasiones, lo que obligó a los andalusíes a abandonar sus campos de siembra. Además, la administración tunecina fue poco a poco entrometiéndose en los asun­tos de la autonomía andalusí, per­diendo éstos sus derechos, convir­tiéndose en unos más como el resto de la población, Incluso contra ellos se ejercieron ciertas presiones eco­nómicas, imponiéndoles nuevas car­gas tributarias muy pesadas, lo que empobreció en poco tiempo a esta comunidad, La ciudad estaba amena­zada de despoblamiento a mediados del siglo XIX: llegó a contar con tan solo 700 habitantes de origen an­dalusí.

No era esta una situación que ata­ñase exclusivamente a Sulayamán, sino que las demás ciudades andalu­síes sufrieron la misma evolución. En la actualidad hay ciudades de las que fueron construidas por ellos, en las que es imposible encontrar un solo individuo de origen andalusí: Tarka, Nyannu, Balli o Qarambalia.

En la actualidad sigue fresca la memoria de algunas de esas familias andalusíes, aunque progresivamente se incorporan a la vida social del país: tenemos que en un corto espa­cio este acomodamiento lleve a la pérdida total de la memoria, desapareciendo el espíritu de orgullo por la pertenencia a Al-Andalus y el celo por el patrimonio andalusí legado por esas generaciones adelantadas y que fueron nuestros abuelos.

Hermanos, hermanas:

Los andalusíes que se encuentran en Túnez viven aparentemente una vida normal como cualquier tune­cino, pero sus intereses materiales y su asimilación por otras familias de diversos orígenes: turcos, libios, qabalíes, etc. es ya una amenaza para su memoria y su lazo heredado con Al-Andalus, hasta el punto de haber perdido conciencia de su pasado, no pensando en resucitar su patrimonio o intentar redescubrir su tierra, Al-Andalus, y este peligro anuncia el principio del final de la existencia andalusí en Túnez y que debiera permanecer con un brillo resplandeciente. Decimos esto con profunda tristeza, pero por otra parte tenemos la esperanza de que esta comunidad se recupere y con­tradiga lo que parece su destino definitivo. El periodo que ha sido largo en el que no había ninguna relación con Al-Andalus mató a muchos de estos andalusíes exilia­dos; mató el sentimiento en ellos, difuminó su identidad y casi ha hecho de ellos una comunidad sin sentido.

Los hijos de la presente genera­ción, y las generaciones por venir de andalusíes exiliados, necesitan de una forma definitiva y concluyente reflexionar con seriedad y actuar. Su existencia en Túnez está tomando otro cariz, y son para todos un patrimonio histórico, un gran monu­mento civilizador. De todas formas a nadie le importa demasiado su desa­parición, su dispersión o la muerte de sus sentimientos en cuanto a la necesidad de mantener vivos el espí­ritu de la pertenencia o la identidad. Este desinterés, esta dispersión, son y siguen siendo un problema en el que algunos andalusíes pensamos, buscando una solución. Somos po­cos y no podemos por nosotros mis­mos llegar a una conclusión positiva, pues es un error trabajar aislados de Al-Andalus, siendo como es el pue­blo andalusí, nuestro pueblo. El extrañamiento en el que vivimos no tiene otra salida más que la colabo­ración efectiva con los andalusíes.

Rechazamos de manera absoluta que los hijos de nuestra tierra nos consideren un mero patrimonio, simplemente un documento histórico, o un instrumento político al servicio de intereses nacionalistas. Somos musulmanes y Al-Andalus es nuestra cuestión, y hacia Al-Andalus nos unen obligaciones, una obliga­ción cultural que se cumple en la islamización de Al-Andalus, y para nosotros el Islam no es mero patri­monio, o un proyecto de reforma social, del mismo modo que no consideramos la historia del Al-Andalus un lamento o un simple aconteci­miento anecdótico, sino una baza para analizar nuestro presente en vías hacia nuestro futuro, por volver a hacer luminosa a Al-Andalus, tal como ya lo ha sido, más si nuestra voluntad es par de la de nuestros antepasados.

Si el punto de partida es la actua­ción efectiva, nosotros proponemos en esta ocasión única consejos que serían prudente poner en práctica lo antes posible, si deseamos real­mente salvar a los andalusíes exila­dos de la perdición, incorporándoles al trabajo, para realizar nuestros objetivos, para convertirnos en una sola fila que nos conduzca a la meta trazada y que es la conservación de la identidad y la recuperación de la dignidad andalusí. Para ello, pro­pongo:

1- Coordinar las comunidades andalusíes en Túnez en el marco de una fundación cultural.
2- Reconsiderar el patrimonio an­dalusí, y proteger todos los restos andalusíes en Túnez.
3- Seguir los pasos de los andalu­síes que han perdido su identidad y aquellos que viven aislados del resto, es decir, aquellos que emigra­ron abandonando los pueblos y ciu­dades construidos por sus antepa­sados, trasladándose a otras ciuda­des tunecinas por necesidad, inten­tando con ello reparar en la medida posible el proceso de descomposi­ción de las comunidades andalusíes.
4- Mantener una comunicación entre los andalusíes exiliados y Al-­Andalus, intentando que las distintas familias de uno y otro lado de la ori­lla mantengan un contacto, sin tener en consideración otra formalidad que la de ser andalusíes.
5- Intentar descubrir todos los lugares de origen de las distintas familias andalusíes.
6- Intercambio cultural entre los andalusíes exilados y los andalusíes que permanecen en Al-Andalus.
7- Hermanar entre algunos andalu­síes de uno y otro lado de la orilla, tal como se hizo en Medina entre los muhayirin y los ansar.
8- Cooperación entre las fundacio­nes andalusíes en el exilio como en Túnez y en el Maghreb occidental, confeccionando programas cultura­les amplios, cooperando en ello con la fundación Islam y Al-Andalus.
9- Tener en cuenta la necesidad de reescribir la historia de Al-An­dalus, eliminando los prejuicios y con sinceridad; una historia cientí­fica, no influida por ninguna ideolo­gía ni idea preconcebida. Para ello habrá que tener en cuenta tan solo los documentos históricos fiables, y no aquellos que solo servían a deter­minadas posturas, analizando cientí­ficamente todos los acontecimientos históricos.
10- Publicar un documento en el que se estudie con detalle y descu­bran los crímenes cometidos por la Inquisición a lo largo de los siglos en que practicó su violencia contra los musulmanes.
11- Enviar los estudios a la Liga Mundial para los Derechos Humanos y a Amnistía Internacional informán­doles de la situación de los andalu­síes exilados.
12- Investigar en los archivos del Estado español el origen de los ape­llidos que se dieron a los moriscos (apellidos falseados).
13- Proponer un comité de segui­miento entre andalusíes de una y otra orilla, y publicar un boletín o revista cultural e informativa, partici­pando en ella los más capacitados, de entre los andalusíes de uno y otro lado.
14- No considerar a los andalusíes exilados que visitan Al-Andalus co­mo turistas, sino proponer al Minis­terio de Turismo que les conceda privilegios especiales (derecho a la nacionalidad) y ayudas especiales.

Hermanos, hermanas:

Esperamos que este nuestro en­cuentro sea el inicio de una nueva era para nosotros, un nuevo pacto con Al-Andalus. Del mismo modo espero que nuestros encuentros se vean renovados, que no sean meras citas que pasen por la historia sin dejar vestigio, como suele suceder con la inmensa mayoría de los encuentros culturales. Nuestro Con­greso se ha investido de una impor­tancia histórica extraordinaria: se propone ver nuestro pasado, pre­sente y futuro. Nosotros los andalu­síes emigrantes somos un pedazo de esta tierra: si bien la tierra no viaja, nosotros lo hemos hecho y somos una excepción, si la tierra se encole­riza contra nosotros porque la he­mos abandonado durante todos estos largos siglos, nosotros no lo hicimos sino en atención a la forma de vida que hizo de Al-Andalus un hecho prodigioso y una realidad magnífica. ¡Nuestra madre Al-Andalus, por mu­cho que nuestra ausencia se halla. prolongado, tu pecho permanece abierto a tus hijos y para que merez­camos que seas nuestra madre, debe­remos ser entre nosotros hermanos, con todos los matices de la palabra, hermanos con tus hijos que jamás te abandonaron.

Y para concluir, renuevo mi agra­decimiento a todos los hermanos que han participado para hacer posi­ble y fructuoso este Congreso y esperemos que Al'lah bendiga nues­tros pasos, unifique nuestras filas, y haga real nuestra meta.


Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, andalusíes, moriscos, Reichico, soberanistas

الاندلس جنة الخلد = Alandalús jànnatu _lkhuldi

يــا أهْــلَ أندلــس لله درُكــــم ُ / ماء و ظلٌ و أنهار و أشجارُ
ما جَنة الخُـلد إلا في دِيـاركُـــمُ / ولو تخيرتُ هذا كنتُ أختارُ
لا تحسبوا في غد أن تدخلوا سَقَرا / فليس تُدخلُ بعد الجنةِ النار

الشاعر الاندلسي ابن خفاجة
ALANDALÚS, PARADÍS DE L'ETERNITAT

ya ahla andalusin li-llâhi darrukum /

ma'un wa zillun wa anhâru wa sajâru
mâ jannatu-l-huldi illâ fî diyârikum /
wa hâdihi kuntu law huyyirtu ahtâru /
lâ tuttaqû ba´daha an tadhulû saqaran /
fa-laysa tudhalû ba´ada-l-jannati-n-nâru

Ibn Khafâja (Alzira, 1058-1139)

Andalusins, quin goig el vostre!
Aigua i ombra teniu, amb rius i arbres.
El paradís etern és a ca vostra.
Si em deixaren triar, meu me'l faria.
Viviu-lo! No tingau por de l'infern.
Del paradís al foc, no s'hi va mai.

(Versió de Josep Piera i Josep R. Gregori, 2007)

¡Oh, gente de al-Andalus, qué dichosos sois!
Agua, sombra, ríos y árboles.
El paraíso de la Eternidad
no está más que en vuestra patria.
Si yo escogiera, por éste optaria.
No temáis entrar en el infierno:
no se castiga con la desdicha
a quienes ya viven en el paraíso.

(Versió de Josep Piera i Mahmud Sobh)

Vegeu el poema d'Ibn Hafâja recitat per dos alumnes de l'IES la Serreta de Rubí

Pel respecte a la pluralitat i a la llibertat!

Pel respecte a totes les formes d'Islam!

Per un Islam plural i unit!


"Guarde en el cor l'Andalús més íntim i més bell, com un Tibet personal i profund. I aquest tresor ningú me'l podrà arrabassar."

Salvador Jàfer

عبد السلام جعفر إبن منقذ البلنسي /

بلنسية، شرق الاندلس /

Calendari islàmic i horaris de pregària

Segons l'escola jurídica de què es tracte pot haver-hi una diferència d'un dia ±.

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Mapa d'Alandalús en el període de màxima expansió

La muralla andalusina de València

La muralla andalusina de València